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León XIV – Referente universal

Cuando uno entra en las edades que se miden mejor por décadas que por años, las opiniones y los juicios se forjan las más de las veces en razón de las experiencias vividas y no tanto por los conocimientos adquiridos. Tal me sucede cuando trato de entender los motivos por los que la sociedad del presente está tercamente empeñada en repetir los errores del pasado, aunque sea a costa de tropezar una y mil veces en las mismas piedras que tanto dolor causaron. Cuando yo era joven en edad, el mundo atravesaba una profunda crisis moral, conmocionado todavía por los horrores de la guerra, el miedo a la destrucción atómica y sobre todo por la conmoción sobrevenida en las conciencias por el conocimiento de los holocaustos y los gulags. Todo ello forjó una conciencia universal que juzgaba y condenaba cualquier atisbo de exceso o de amenaza frente a los valores de paz, justicia y libertad. Esta globalización de principios éticos, se debió en gran medida a la existencia de personas que servían de referentes por su liderazgo intelectual, social o político, nacido de su coherencia, su ejemplo y su independencia moral. Circunstancia hoy prácticamente inexistente, con una salvedad : el actual Pontífice León XIV. Hoy la encíclica “Magnífica Humanitas”, los escritos y los discursos del Papa, sobre todo los que pronuncia en sus viajes, convierten al Santo Padre en la “voz que clama en el desierto”, prácticamente la única voz, añadiría yo, porque León XIV cuando aporta respuestas o cuando alza sus denuncias ante muchos de los problemas de la humanidad de hoy, lo hace no solamente desde la ortodoxia católica, sino que sus mensajes y escritos tienen un contenido humano e histórico, dirigido a todas las conciencias. El Papa siempre abre el debate, pero lo hace exponiendo argumentos y aportando propuestas sobre las realidades que configuran la vida de las personas, de las naciones y de las relaciones internacionales, denunciando situaciones, muchas de ellas injustas e incluso criminales, alertando siempre de las consecuencias y de los riesgos que conllevan para el futuro. Y principalmente denuncia los peligros nacidos de la ausencia de normas y límites éticos en el campo de las investigaciones y desarrollo de la revolución tecnológica que vivimos. No fue una casualidad que la encíclica “Magnifica Humanitas” se publicara el 15 de Mayo, día que era el 135 aniversario de la encíclica “Rerum Novarum” del Papa León XIII, nacimiento de la doctrina social de la Iglesia, como respuesta a los excesos de la Revolución Industrial del siglo XIX. Siempre consideré que la elección del nombre de León XIV por parte del Cardenal Prevost fue una declaración de intenciones, asumiendo la necesidad de una respuesta de la Iglesia a la Revolución Tecnológica iniciada en este siglo XXI y que tantos y muy profundos cambios va a producir en la humanidad. El Papa, tal como marca en su primera encíclica, considera que la Inteligencia Artificial no es neutra y denuncia que debe ser un instrumento de todos, al servicio de todos y nunca un monopolio de unos pocos. Sus palabras son una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia y así deben ser entendidas. El liderazgo en solitario del Papa con respecto a los límites, control y peligros de la Revolución Tecnológica va a ser en mi opinión permanente. No debemos olvidar su condición de Agustino. El carisma de su orden gravita en gran medida sobre los principios de buscar la verdad y dar testimonio, lo cual quiere decir que no va a callar, como ya se reflejó en varias de sus declaraciones sobre las responsabilidades políticas en los excesos cometidos en los escenarios bélicos del mundo actual. En esta breve reflexión sobre el rumbo errático de la sociedad actual, debido en gran medida a la ausencia de lideres referentes que sirvan para reflexionar y avanzar, la excepcionalidad de la figura del Papa, se manifiesta también en esta España de muros que se pretenden infranqueables. Traigo al recuerdo sus palabras en su memorable discurso en el Congreso de los Diputados cuando a toda nuestra clase política le dijo que “el pueblo busca la reconciliación y la verdad, porque la verdad es siempre más grande que nosotros mismos”. Francisco Vázquez Alcalde que fue de La Coruña Embajador cerca de la Santa Sede

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Facer comunidade parroquial, tarefa de todos

Deixenme que empece felicitando a tódolos colaboradores por facer posible que a información das parroquias poida chegar a tódolos veciños de A Coruña e Arteixo dun xeito directo, conxunto e próximo. En realidade pode chegar a todos porque hoxe coas novas tecnoloxías non hai atrancos que impidan que está folla a poidan ler en todo o mundo. Permítanme que pida amigo lector a súa colaboración. Os sacerdotes precisamos axuda para manter as igrexias abertas o maior tempo posible e asi dar resposta a forte demanda de información, de sacramentos e de compaña para un grande abano de personas de distintas idades, países e credos.Entrar na casa de Deus e poder recibir un sorriso, unhas palabras de comprensión e aprezo pode ser  a mellor benvida que lle podemos dar a aquelas personas que se sinten soas ou que xa se ven estranas ante os grandes cambios que está a dar a humanidade. Hai sacerdotes que estàn ao fronte de varias parroquias e solos non son quen de chegar a todo, pero coas súas axudas imos seguir contribuindo a mellorar a vida de todos aqueles que se acheguen a nós. Esa mellora pasa, entre outras cousas, por facer comunidade, por camiñar xuntos, por compartir un tempo, pouco ou moito, que escorrente esa pandemia da soidade. E son vostedes -veciños, parroquianos, feligreses…- os protagonistas deses encontros nos actos da parroquia (misa, catequésis, charlas,…) ou nas actividades que desde a mesma organizan, impulsan e sobre todo esas iniciativas solidarias que son sinal de identidade das comunidades parroquiais. Por iso súmome a petición que facía o Arzebispo, Mons Francisco José Prieto, no seu saúdo a esta iniciativa: “anímovos a compartir canto expresa e fai visible a vida cristiá das comunidades parroquiais e unidades pastorais do arciprestado: a alegría da fe celebrada e anunciada, os pasos de quen se prepara para recibir os sacramentos, a atención aos enfermos, a axuda e o acompañamento ás familias e o compromiso coas persoas que atravesan dificultades. Dar a coñecer estas experiencias permítenos recoñecer e agradecer o ben que tantas veces medra discretamente entre nós como acción misteriosamente fecunda do Espírito do Señor”. Coma Vicario Episcopal Territorial da Coruña, Abade da Colexiata Santa María do Campo e párroco de San Francisco Javier, a Nosa Señora do Pilar e o Nadal do Señor confío en que só coa axuda dos fregueses conseguirei non defraudar a quen me puxo a fronte destes cargos. Severino Suárez Blanco. Vicario Episcopal Territorial de A Coruña

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